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“¡Ahora, esto es un caos!”. Chiitas, sunitas, drusos, libaneses, iraquíes, sirios, rusos, etiopios protestantes, hindúes, budistas, pertenecientes a Burundi, etc. En total, 50 refugiados atestan los pasillos y las habitaciones del antiguo hotel Nøro, un edificio destrozado y abandonado en plena naturaleza al norte de Noruega y llevado por Primus, un vecino racista y sin un duro cuyo único motivo para abrir un centro de refugiados es el ánimo de lucro. Estos son los principales ingredientes de Welcome to Norway de Rune Denstad Langlo, el tercer largometraje del cineasta noruego tras North (premiado con el Label Europa Cinemas y el premio FIPRESCI en la sección Panorama de la Berlinale 2009) y Chasing the Wind (2013).

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Welcome to Norway, Proyectada esta semana en la competición del 17º Festival de Arrás, esta nueva obra de un director al que le encanta trabajar con un humor realista reprimido y teñido de una pizca de melancolía se enfrenta esta vez a un tema de actualidad delicado, el de la inmigración, un tema que no deja de vagar por Europa y que fomenta los roces entre el sentido de la hospitalidad y de la ayuda, y los tufos nacionalistas alimentados por el miedo a lo desconocido y por el racismo ciego. Hablamos de un campo de cultivo que ya ha dado lugar a numerosos dramas cinematográficos y cuyo tratamiento cómico se presta fácilmente a deslices, caricaturas y a la ingenuidad. Los escollos que Rune Denstad Langlo elude con bastante habilidad, sin renunciar a otorgar una mirada benévola a estos personajes, pero sin pretender dramatizar, se traducen en pequeños toques discretos que recuerdan la crueldad de los sucesos que han empujado a los inmigrantes al exilio.

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Más que transmitir una visión “moralizadora”, el cineasta pretende grabar la humana relación “forzada” que mantiene el protagonista Primus (el gran Anders BaasmoChristiansen, también protagonista en North, y quien ha trabajado recientemente en The King’s Choice [+]) con todos sus “morenos”, como los llama al principio de la película, y que deberán entregarle 100.000 coronas cada uno por año (“seremos millonarios”, “esto da más beneficios que los turistas”) si consigue homologar el establecimiento como un centro de refugiados. Sin embargo, la tarea está lejos de ser sencilla y Primus, quien no es malo sino de mente corta y cargado de prejuicios (“va a ser duro: drogas, violaciones, terrorismo…”), deberá dar su brazo a torcer en sus intercambios con los inmigrantes. Por tanto, se instaura progresivamente una cogestión (no sin contratiempos) para mejorar el día a día, un acercamiento que le hace reflexionar sobre su propia existencia (“no tienes amigos, tu mujer y tu hija te rechazan, los refugiados te odian, los únicos que te quieren son tus padres y están muertos…”).

Plagada de divertidas peripecias triviales (el reparto de las habitaciones, las negociaciones para no satisfacer o aceptar las reivindicaciones de los refugiados, la electricidad que se va, etc.), Welcome to Norway consigue transmitir con eficacia su mensaje humanista que intentar hacer sonreír en cierta medida y sin un desmadre desmesurado, ya que el trasfondo de la película no es para reír a carcajadas. Un equilibrio que hace que esta película sea apta para todos los públicos y que ha sido adornado por una puesta en escena fluida. El director de fotografía Philip Øgaard ha aportado su grano de arena en este largometraje producido por Motlys y que será distribuido en Francia el 7 de diciembre por Eurozoom.

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